MISIÓN

La misión de Educación 137 es sencilla:

“Favorecer, fortalecer y/o generar, en forma individual o asociada, proyectos y/o prácticas institucionales educativas innovadores con potencial de escalabilidad, para cualquier ciclo educativo, modalidad y contexto sociocultural y económico”

Mucho se habla en estos tiempos del estado de la educación, y de la mala calidad agregada de los aprendizajes de niños y jóvenes en nuestras escuelas e instituciones educativas formales. Frente a este diagnóstico generalizado, validado a través de múltiples evidencias científicas y de mediciones estandarizadas impulsadas con rigurosidad y periodicidad, tanto por agencias y ministerios locales como por organizaciones multilaterales, como la UNESCO y la OECD, se vuelve imperioso renovar nuestras miradas del problema, y adentrarnos en el territorio de la experimentación de nuevos abordajes y formatos de enseñanza-aprendizaje.

Es así como la innovación encuentra un territorio fértil y propicio de trabajo. Innovar en educación es tanto una necesidad de estos tiempos, impulsada por los malos resultados agregados de aprendizaje señalados, como un mandato para quienes gobiernan y administran el sistema educativo, que deben velar por el cumplimiento de derechos de niños y niñas consagrados en constituciones y acuerdos internacionales.

De tan obvia que aparece la necesidad de innovar en educación, es que se ha generalizado tanto la utilización del término, muchas veces con diferentes significados. Sin embargo, subsiste la pregunta: ¿qué significa innovar en educación? O, más precisamente, ¿qué significa ella para nuestra organización?

En Educación 137 definimos a la innovación educativa como “la combinación de recursos, en forma intencional y de manera novedosa, con el objetivo específico de suscitar aprendizajes”.

El objetivo de toda política de educación o estrategia de enseñanza es lograr aprendizajes significativos y duraderos, habilitando a los sujetos alcanzados a desarrollar metaformas de conocimiento, hábitos de pensamiento y conductas que favorezcan nuevos aprendizajes.

La novedad de estos tiempos, desde la aparición de internet (1992) en adelante, es la emergencia de una cantidad incontable y creciente de nuevas herramientas, plataformas, redes, formatos, evidencias y conocimientos que pueden (¡deben ¡) ser considerados como insumos potencialmente útiles para, con intencionalidad, incluir en combinaciones novedosas que den cuenta del problema de los malos aprendizajes.

Esta definición que abrazamos, si bien nos sujeta y restringe a alentar prácticas educativas que consideremos novedosas, por otro lado nos habilita a trabajar con múltiples poblaciones objetivo, nos permite concebir a una amplia gama de recursos disponibles (pedagógicos, científicos, tecnológicos, didácticos, lingüísticos, sociológicos) como potencialmente útiles y utilizables, y nos deja abierto el campo de actuación al límite que nos establezca nuestra propia creatividad como equipo de trabajo.

Educación 137 cobra relevancia pues un fuego llamando internet convirtió en cenizas disfuncionales a muchos acuerdos y prácticas institucionales de largo arraigo en la educación. Estamos llamados a reconstruir, y para ello eso debemos obrar no solo con urgencia, sino también con originalidad e intencionalidad. Por ello la innovación educativa, definida de esta manera, es tan importante para nuestra organización.