Mientras nos miramos el ombligo…

Entre la disputa por la toma de los colegios en CABA, el timbreo por las elecciones de medio término y los cambios en las carteras educativas de algunas jurisdicciones clave, el debate educativo y pedagógico en la Argentina entró en un nuevo (e inconveniente) cuarto intermedio. Luego de un 2016 activo, con acuerdos entre las jurisdicciones educativas, declaraciones, la publicación de importantes resoluciones, la instrumentación del Operativo Aprender y la publicación de sus (preocupantes) resultados, a los expertos nos invade nuevamente la sensación de que la cuestión educativa volvió a colocarse en el lugar de indiferencia en el que la sociedad la ubica hace tiempo. Una encuesta publicada días pasados así lo confirma (como ocurriera durante abril de este año, en pleno conflicto por los paros docentes), y lo mismo indica el portal del Consejo Federal de Educación, que aún no posee subida ninguna resolución del año en curso. Sea por descuido, olvido o cambio de prioridades, lo mismo da. El tema es que se abandonó el estado deliberativo profundo y refundante, y eso no es bueno. Se picoteó un poco entre Sarmiento, Estrada, el Lengüitas, los jóvenes militantes y los adultos irresponsables, el Nacional Buenos Aires y el Carlos Pellegrini, el día del estudiante y los días que no estudian, pero finalmente todo volvió a foja cero. Y mientras tanto, el mundo siguió avanzando.

Me resulta sintomático que nuestro país atraviese este estado de confusión, anomia y desvarío político y pedagógico justo cuando se cumplen 19 años del nacimiento de Google. El 27 de septiembre de 1998 la recientemente nacida Google puso operativo su motor de búsqueda, y con ello dio origen a la que se convertiría en una de las empresas más emblemáticas de la época, líder en el tráfico de internet (con 60 mil consultas por segundo), en el segmento de sistemas operativos de los smartphones (Android, con 82%), en el segmento de videos (Youtube, con 9 horas subidas por segundo), y en el segmento de correo electrónico (Gmail), entre muchos otros liderazgos.

Tuve la oportunidad de visitar la sede central de la empresa en diciembre de 2015, y quedé fascinado con su dinamismo, apertura, foco y curiosidad e interés por explorar el nuevo mundo de oportunidades que genera la época, la interconectividad y la cultura digital.

En una entrevista que realizaron en enero pasado en el foro de Davos a Sergey Brin, uno de los fundadores de la empresa, pidió que no tomen muy en serio sus palabras, pues reconocía que cada día que pasaba aprendía cosas nuevas que lo obligaban a revisar sus supuestos y premisas de trabajo. Si bien el comentario hacía referencia específicamente el proyecto de inteligencia artificial de la compañía, el mismo puede ser interpretado de una forma genérica a la forma de concebir las oportunidades de la época. Google es hoy una de las empresas más grande del mundo en valor de mercado, junto con otras grandes de la tecnología como Microsoft, Apple, Amazon y Facebook.

Como no podía ser de otra manera, Google también tiene un amplio conjunto de herramientas, aplicativos y soluciones dirigidas al segmento educativo. De acuerdo con un ranking elaborado por el Center for Learning and Performance Technologies, la empresa posee 5 de las herramientas tecnológicas más utilizadas hoy dentro del sistema educativo mundial: Youtube, Google Docs, Google Search, Google + y Google Drive. Por supuesto que no son las únicas, pues se suman los mapas, las fotos, el traductor, el buscador académico, el integrador de información financiera, el sistema de reuniones, el calendario, la opción de crear blogs y páginas web, y tantos otros. Finalmente está Google for Education, que es una plataforma integradora de soluciones educativas, herramientas, programas y contenidos concebidos para escuelas, docentes y alumnos de todo el mundo, que ya está siendo utilizada por más de 70 millones de usuarios.

Volviendo a nuestra coyuntura y discusión local pequeña, cuesta aceptar que hablemos del mundo del trabajo, las pasantías y prácticas profesionalizantes de nuestros alumnos sin acercarnos conceptualmente y amigarnos con aquello que están haciendo empresas como Google, Amazon, Apple, Facebook y Microsoft.

Usted se podrá sentir más o menos cómodo con este mundo tecnológico que emerge a gran velocidad entre gallos y medianoches. Pero no puedo evitar tenerlo en cuenta cuando habla de educación, y mucho menos cuando se discute una reforma educativa. Piense que las pruebas PISA se comenzaron a implementar en el mundo en el año 2000, y al año siguiente nació Wikipedia, alterando la forma de creación y distribución de conocimiento en el mundo para siempre. Y lo mismo ocurrió a nuestra Ley de Educación Nacional 26.206, promulgada en el 2006, un año antes de que se lance el primer IPhone a la venta. Durante 2016, se vendieron en el mundo 48 smartphones… ¡por segundo! Eso es ubicuidad, y demanda un nuevo giro conceptual en la discusión de cualquier reforma educativa.

No es posible discutir de educación, escolaridad y reforma sin entender a las Google de estos tiempos. Dialogar y debatir endogámicamente mirándonos el ombligo hoy en día es tanto una torpeza como una irresponsabilidad. Y, en todo caso, cualquier acuerdo que de ese debate surja, llevará errores de diseño que requerirán una pronta intervención.

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